9 de agosto de 2017

Un dios, un ángel, un destino

Pablo Cingolani
 
 
A Carolina
 
Vamos y venimos siempre
Sobre las mismas heridas
Las mismas incertidumbres
Iguales desasosiegos
Vamos y venimos, nómades enloquecidos
Sobre las mismas arenas del espanto
Los fuegos del horror
Que incendian nuestra piel y nuestros brazos
Nos desolamos a más no poder
Nos desalmamos lo imposible
Creemos que el mundo es una idea
Cuando el mundo no sólo no es una idea
Una puta idea –que pueda arreglarlo, que pueda hacerlo comprensible
 
El mundo no es así
El mundo no es una idea, no hay una idea del mundo… ¡eso es tan vano!
El mundo es un sentimiento, es un ardor, es un arraigo
El mundo es la simple y profunda voluntad de volverlo eso: un mundo
Un mundo lleno de gracia, lleno de encanto, lleno de fe renovada
Un mundo lleno de esperanza
 
Allí no hace falta nada, salvo esa voluntad
Esa voluntad de vida
Labrada en mil batallas, mil huellas, todos los amaneceres
Los ríos profundos que forjan esos amaneceres
Las manos que se congregan como ríos profundos cada amanecer
Y que se te revelen en un dios, un ángel y un destino
Que desde esa profundidad de los ríos –Apurímac, Señor de los Ríos
Te gritan, te claman, te imploran
Nunca dejes de ser vos
Nunca te rindas
 
Siempre hay un dios ausente
Que se vuelve presente
Si lo convocas
 
Pacha
 
Mama
 
Siempre hay un ángel
Que te auxilia
Cuando ya no puedes
Cuando estás perdido
Y te asfixias
 
Siempre hay un destino
Que te espera
Que jamás cede
Que sabe de vos
Y te aguarda.
 
Pablo Cingolani
Río Abajo, 2 de agosto de 2017
Nota bene: gracias totales por la inspiración de este escrito a Carolina, a José María Arguedas y al Papa Francisco.

Dibujo: Egon Schiele

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